domingo, 11 de marzo de 2007

EL VEREDICTO Y LA LEY DE MURPHY

La semana pasada me llamaron porque salió una vacante para cubrir una baja en el cementerio, y éramos tres los seleccionados.
Así que me he pasado toda la semana buscando los papeles que me hacían falta, haciendo las respectivas colas que hay que hacer, porque si pasas por el INEM o por el Ministerio de asunto sociales es echar una mañana.
A parte de la ilusiones con el trabajo, la jodida casualidad que me llamen justo el mes que me voy de viaje a Japón, que sólo quedan 18 días dos semanas y medias y estaré entre cerezos en flor.
Odio la ley de Murphy y todas sus variantes. Pero que se le va hacer…
Así que me quedo aquí esperando a que pase algo, el lunes es el último día de plazo, si es que no se ha decidido ya.
Otra cosa graciosa, sólo avisan al elegido, juas juas los demás nos quedamos en ascuas.

La ley básica de Murphy es: Si algo puede ir mal, irá...


Nada es tan fácil como parece.


Todo lleva más tiempo del que usted piensa.

Si existe la posibilidad de que varias cosas vayan mal, la que cause más perjuicios será la única que vaya mal.


Si usted intuye que hay cuatro posibilidades de que una gestión vaya mal y las evita, al momento aparecerá espontáneamente una quinta posibilidad.


Cuando las cosas se dejan a su aire, suelen ir de mal en peor.


En cuanto se ponga a hacer algo, se dará cuenta de que hay otra cosa que debería haber hecho antes.


Cualquier solución entraña nuevos problemas.


Es inútil hacer cualquier cosa a prueba de tontos, porque los tontos son muy ingeniosos.


La naturaleza siempre está de parte de la imperfección oculta.


La madre Naturaleza es una perra.

Sonría. Mañana puede ser peor.

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