martes, 19 de septiembre de 2006

DÍA 4: NIKKO

Como se acercaba el festival del Bon, nos advirtieron de que íbamos a pillar caravana. Menos mal que nuestro guía (Tadeshi a partir de ahora Tadashi) no ameniza el viaje en bus; a veces es un poco cansado porque su ingles con erres de por medio cuesta entenderlo y porque el bus dá mucho sueño.
Tadashi es como mi abuelo, tiene más de 65 años y cuenta sus batallitas.
El pueblo de Nikko es precioso, vimos casas típicas con los futones colgados ventilando.




Lo malo es que se puso a llover (nos dieron un paraguas para cada uno, si es que los japoneses son muy serviciales), y casi no teníamos tiempo de ver los templos porque teníamos que ir a comer.
Los templos eran un poco horteras porque tenían influencias chinas, dragones, mucho dorado…

En frente del restaurante, había un lago enorme con hidropedales en forma de cisne.
Después fuimos a ver la gran cascada, nos advirtieron que había monos peligrosos, pero no vimos ninguno.





Saliendo de una tienda de suvenirs, vi que una familia había secuestrado a Pablo para hacerse fotos con él.
A la vuelta y con la caravana nos quedaban otras 2 horas de carretera, menos mal que Tadashi nos dio clases de papiroflexia y nos enseñó a hacer gorritos samuráis.
Nos dejaron en Shinjuku, dimos un pequeño paseo y cenamos en una hamburguesería Japonesa.

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